Yo no te voy a atender
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Hace unas
semanas leía en el portal de noticias yo también que las personas con
discapacidad somos un grupo que es discriminado por los bancos y que tenemos [1]un
bajo nivel de bancarización.
Esto no es
ninguna sorpresa, el bajo nivel educativo de las personas con discapacidad, la
falta de accesibilidad y los estigmas sociales limitan nuestro desarrollo. El
poco acceso que tenemos a la banca nos hace más vulnerables, pues limita
nuestra capacidad de ahorro y acceso al crédito.
El trato que
recibimos en algunos bancos es inhumano. La historia que les cuento en el
siguiente apartado es verídica y reciente (ocurrió en febrero pasado).
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Yo decidí abrir
una cuenta de banco hace aproximadamente 7 años, después de que fuimos víctimas
de un robo. Antes de eso solía guardar todos mis ahorros debajo del colchón. El
asunto se alargó porque tenía que llevar varios documentos y mis familiares no
podían llevarme.
Mi hermano me
puso en contacto con uno de los ejecutivos del banco. El ejecutivo vino a mi
casa, firmé el contrato y así obtuve mi cuenta de banco.
Esta cuenta me
ha permitido realizar compras y domiciliaciones, gracias a ella puedo realizar
todas mis compras por internet y ser una persona independiente. Nunca he experimentado
un problema con la cuenta.
La situación se
presentó porque tenía que renovar mi tarjeta de débito, un trámite sencillo pensaba.
El trámite se complicó de una manera surrealista.
Primero, nos
dijeron que no teníamos la documentación completa, razón por la cual decidimos
abandonar el lugar y volver después.
La segunda ocasión, una vez reunida la
documentación solicitada, la ejecutiva me atendió de una manera tan inhumana
que no me lo podía creer. Decidió pasar a varias personas que estaban por
detrás de nosotros en la fila (sin
explicación ni razón alguna).
Cuando mi
asistente se quejó por ese motivo, nos pidieron que tuviéramos paciencia. Una
vez que le tocó atenderme sucedió lo que yo nunca me hubiera esperado. Ella
dijo:
Yo no te voy
a atender. Le respondí (todavía sin poder creerlo)
que el anfitrión me había enviado con ella y que lo único que quería era
renovar una tarjeta de débito . Sus
compañeros le dijeron que debía atenderme y, a
pesar de su negativa inicial se vio forzada a hacerlo,
El servicio fue
el peor que he experimentado en mi vida, mala cara, prisa, excusas y desprecio.
Volvió a intentar dejarme sin servicio,
alegando que me faltaba la CURP. Le solicitamos que por favor la copiara de la
INE o del expediente del banco. Luego me hicieron firmar un documento para solicitar
el trámite de renovación. Tuve que firmar más de 15 hojas porque la firma no
coincidía con la que estaba en la tarjeta. Esto fue lo único que no fue culpa
del pésimo servicio al cliente, pues , la firma debía pasar por un escáner automático .
La ejecutiva no
terminó allí, sino que me dijo que tenía que esperar porque tenía a unos
clientes citados (como si no fuera suficiente todo lo que ya había sucedido).
Me dijeron que
debía llamar al centro de atención telefónica y me reprocharon por no conocer
el menú ni las opciones que debía seleccionar (soy milenian, yo no llamo al
banco). El pésimo trato que recibimos impedía que pudiéramos avanzar.
Un amable
ejecutivo (que no era el encargado de atenderme) se levantó de su silla y nos
ayudó. Llamé por teléfono, a pesar de que era complicado porque no podía
alcanzar los botones y terminé el proceso.
Cuando la
ejecutiva terminó con sus clientes citados regresé al escritorio y por fin
obtuve el reemplazo de mi tarjeta.
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Todo esto parece
increíble, por desgracia todo es cierto, increíblemente, el banco tiene una
tarjeta de crédito especial para apoyar a las personas con parálisis cerebral.
Esto es algo irónico, pues, desde mi experiencia pienso que lo primero que
deberían hacer es ser amables con sus clientes y brindarles la mejor atención
posible sin importar su edad, sexo, género o discapacidad.
Estoy seguro de
que si lo hicieran tendrían más clientes, me parece que a la mayoría nos gusta
acudir a un servicio donde nos ayuden a resolver nuestros problemas y no uno
donde nos nieguen la atención sin motivo alguno.
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